Lo Contrario: ILUSIÓN

Aunque cada uno de nosotros tenemos una imagen diferente, me atrevería a afirmar que positiva, asociada a esta palabra,  todos coincidimos en que ésta, la ilusión, es el motor que mueve nuestras vidas.

Si buscamos la definición literal dependiendo del autor, tendrá unas connotaciones u otras. Así pues, Manuel Seco en su diccionario de usos la define como: 

1/ Concepto o imagen formados en la mente que no corresponden a una verdadera realidad.

2/ Esperanza con poco fundamento.

Para la RAE, entre otras cosas es: esperanza cuyo cumplimiento parece especialmente atractivo. ¡La compro!

Y para mí… ¿qué significa? Hubo un tiempo en que tener un DNI que indicase mi mayoría de edad daba forma a este concepto. ¡Qué idealizados tenemos los dieciocho! Y todo para descubrir cuando llegaron que de poco servían… debía seguir buscando los motivos que todos mis amigos parecían haber encontrado ya y  de los cuales hablaban cuando nos reuníamos delante de unas cañitas por las tardes. Tenía claro que pensar en mi futuro profesional no iba a dármelo; las aulas no llenaban más que mi tiempo, dejando en mi cabeza un eco que apenas pisaba el pasillo se había extinguido (esto da para otro post bien nutrido). Así con la excusa de buscar y no encontrar, entre novelas, “muses” en el patio (que no en el recreo) y mucha DESILUSIÓN los años pasaban uno detrás de otro, sello tras sello en mi libro de escolaridad. Aquello pintaba mal, tirando a negro más bien, y me encontraba otra vez  al final de una etapa, totalmente vacía y continuando la búsqueda.

Durante los siguientes años hubo un par de proyectos personales, otro par de ellos profesionales,… iba quemando los cartuchos de las ilusiones que artificialmente iba urdiendo y a duras penas encontraba material para seguir tejiendo. Ilusiones con minúscula.

Hace casi cuatro años tuve la  suerte de sentir la ILUSIÓN  con mayúsculas. Cuando ya me había acostumbrado a la comodidad de no buscar nada apareció Luca. Y entonces todo empezó de nuevo.

Desde antes de su nacimiento ya sabía qué tipo de entorno educativo no quería para él. Definitivamente todo lo contrario a lo que yo había vivido. No quería ni los métodos, ni los profesores, ni las actitudes que me habían hecho aborrecer lo que más tarde y gracias a una magnífica profesora de Historia y otro entusiasta de la Biología (todo lo contrario de lo que había conocido hasta ese momento) empecé a amar y entender. Aquello llegó tarde, demasiado, pero me ayudó a entrever un potencial y una capacidad que desconocía que tenía hasta ese momento. Supieron sacar de mí lo que  nunca antes nadie había conseguido, sorprendiéndome a mí misma y dándome una confianza en mis capacidades y un ejemplo humano que aún hoy sigo valorando por encima de muchas cosas. Ellos fueron lo contrario.

Tenía que encontrar un sitio donde le contagiaran la curiosidad por aprender, por llegar más allá de los límites visibles y evidentes de las cosas.  Un lugar donde le ayudasen a identificar su camino y una vez conseguido, le permitieran seguir su senda. Unos profesores llenos de ideas (excelentes ideas de hecho), planes, proyectos y ganas, de mucho amor y respeto por su profesión y por las niñas y niños que cada día, con ojos asombrados y miradas ilusionadas, acudiesen junto a ellos para continuar desde el punto exacto donde lo dejaron el día anterior y siempre pidiesen más. Un entorno respetuoso en el que poder elevar sus voces con la seguridad de que iban a ser tenidas en cuenta.
Desde muy pequeños los niños tienen claro lo que les gusta y lo que quieren, al principio son  sus juguetes de un color u otro, luego las comidas que más les gustan, sus dibus preferidos o las compañías con las que más disfrutan. Ya cuando comienzan a hablar no hay ninguna duda de que lo expresan muy claramente con un “sí” o un “no”, tienen VOZ y OPINIÓN, hay que 
escucharles, respetarles y apoyarles para que toda esa energía y esas ganas les ayuden a conseguir lo que se propongan. Esto es Lo Contrario.

Por suerte, desde los días de la escuelita infantil que empezaron cuando Luca tenía 7 meses y hasta ahora, con casi cuatro años, lo hemos ido buscando y encontrando.

Con una escuela pública cada vez mas deteriorada debido a la falta de recursos humanos, materiales y económicos y un profesorado acosado por las continuas reformas educativas, a cada cual más asfixiante, se ha extendido entre este sector una especie de inercia del “de 8 a 15 horas  y de lunes a viernes”, en la que no se contemplan proyectos novedosos o la investigación e introducción de nuevas pedagogías, entre otros motivos, por miedo a que ello les exija una dedicación más allá de lo estipulado. No se plantean reunir a los alumnos fuera del horario escolar para fomentar las relaciones sociales más allá de las aulas, o hacer propuestas innovadoras que atrapen su curiosidad, esto supondría restar  horas a su vida familiar, un alto precio. En los esquemas educativos de una gran parte de los profesores no figuran actividades extra escolares con familias y niños ajenos al entorno para favorecer la riqueza multicultural o las aptitudes artísticas que se ven relegadas a ratos sueltos durante las jornadas lectivas. En pocos colegios se realizan asambleas y se someten a votación todas las cuestiones que puedan afectar a los alumnos, no vaya a ser que su VOZ y su VOTO se hagan demasiado visibles y haya que tenerlos en cuenta.  La lista de cosas que dan forma a “Lo Contrario” es larga, mucho más que la que  estamos acostumbrados a leer cuando nos hablan de la educación de siempre sin más, en minúsculas. Menos mal.

A pesar de que cada vez la búsqueda es más difícil, creo haberlo encontrado de nuevo. ¿Puede ser posible tanta suerte?

Estoy segura de que hemos coincidido en lo que no queremos para nuestros hijos: un sistema estático que les corte las alas y les impida realizarse como adultos y profesionales de lo que quieran ser, transformándoles en personas frustradas que culpabilizarán siempre a otros de no haber llegado a donde querían y a la caza de ilusiones para continuar levantándose día a día.
Igualmente, sé que estamos de acuerdo en lo que queremos ofrecerles: 
LO CONTRARIO.
Yo ya tengo una ilusión, o sea, 
una esperanza cuyo cumplimiento parece especialmente atractivo.

Se llama CEIP Manuel Núñez de Arenas y existe para que tú también te  ilusiones.

 

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